miércoles, 4 de abril de 2012


PROBLEMÁTICA ACTUAL DEL LENGUAJE
ORAL Y ESCRITO
DE LOS JOVENES Y ADOLESCENTES”

El lenguaje de los adolescentes es y ha sido peculiar. No solo los del siglo XXI hablan de manera diferente a los adultos de su época. En todos los períodos de la historia, los jóvenes se expresaron de una forma distinta de la del grupo etario al que no pertenecen
¿Cómo se explica este fenómeno?
            Los jóvenes quieren distinguirse de los adultos. En la forma de proceder, en la de vestirse, en las costumbres y, sobre todo, en el lenguaje. Si logran que este, que es el medio de comunicación por excelencia, sea comprendido solo por sus pares, actuará como la gran barrera que lo separa de los mayores.
              Ese idioma tan particular que manejan no se aprende en ningún curso. No existe hasta que ellos mismos lo crean y esa creación, que se hace de a poco y se trasmite con gran rapidez, es fruto de sus reuniones, de sus conversaciones, de los momentos que comparten.
            No hay un propósito consciente de valerse de un idioma extraño, no existen reglas que lo rijan, ni interés alguno en que las haya. Al contrario, cuanto más diferente sea la palabra de la que usan los demás sectores de la población, mejor.
            Un lenguaje que los adultos decimos no comprender, lo que, en muchos ocasiones, no es cierto, ya que, aunque no lo usemos, nos adaptamos con facilidad a él y, en ciertos casos, alguna palabra o expresión ingresa al nuestro. Un lenguaje muy perecedero, que durará solo un tiempo y que, raramente, pasará a integrar el diccionario y el vocabulario de las personas cultas del país. Un lenguaje, diferente al que manejamos cuando fuimos adolescentes, lo que no significa que, como tales, no hayamos tenido nuestra forma especial de comunicarnos.     Pero, a pesar de todas sus contras, un lenguaje pegadizo, al que intentamos no dejar entrar en el nuestro.
     No todos los adolescentes de un país utilizan los mismos códigos para comunicarse. Así como las diferencias culturales se dan entre los adultos, también se evidencian entre los jóvenes.
            Los que pertenecen a un buen nivel cultural se expresan de determinada forma y se comprenden; los que provienen de niveles sociales con menos educación utilizan una jerga diferente y también se comunican. Lo que, probablemente, no suceda es que ambos grupos se entiendan entre sí, a pesar de ser de una misma edad.
            También se establecen diferencias entre el habla de los jóvenes de la capital y la de los del campo.
            Este idioma tan particular se da, sobre todo, en el habla. Cuando el joven se enfrenta con una hoja y se ve obligado a escribir (un examen, una prueba, una carta) se adapta, casi sin pensarlo, a la lengua estándar, a la que hablan los demás, a la que sabe que la sociedad acepta
            Si la comunicación escrita está dirigida a uno de sus compañeros o si utiliza el correo electrónico para hacerla, se valdrá de su lenguaje y las reglas ortográficas no serán tenidas en cuenta. Aparecerán símbolos (la computadora ofrece una enorme gama), grafías extrañas que intentan reproducir lo que en el habla se da con naturalidad.
            Sin embargo, cuando dialoga con sus congéneres, utiliza las palabras inventadas, las muletillas, los gestos, los tics…todo lo que lo acerca y lo estrecha a su grupo.
Aún más original e incomprensible es su lenguaje telefónico o el que se refiere a los términos de la computación.

LENGUAJE ESCRITO
 Vivir en el siglo XXI y ser adolescente hoy implica ser parte de los cambios tecnológicos que siempre se dan acompañados de cambios culturales. La incorporación de nuevas tecnologías, internet y celulares, por ejemplo, no significa solo adoptar nuevas herramientas sino que también implica una transformación de los vínculos sociales, otras formas de relacionarse con el espacio y el tiempo, modificaciones en las formas de pensar y conocer.
El uso de las herramientas comunicativas de internet, como por ejemplo el chat, ha generado una suerte de alarma en el mundo de los adultos -entre ellos educadores, madres y padres- ya que temen un deterioro en el lenguaje de niñas, niños y adolescentes, convirtiendo al chat en responsable de los errores de ortografía y de la pobreza del lenguaje.
En la actualidad nos enfrentamos a una nueva realidad, fruto de una cultura audiovisual, donde los móviles e internet constituyen las principales vías de comunicación escrita entre los jóvenes. ¿Qué consecuencias tiene esto? La limitación de espacio y el precio de los mensajes, así como la rapidez a la hora de escribir, han generado una serie de abreviaturas en el lenguaje, que acaban invadiendo también las aulas escolares, con el consiguiente descontento de los profesores. Ya hay quienes dicen que si fueran un poco estrictos con la aplicación de la ortografía, como hace unos años, hoy tendrían que suspender a toda la clase.
El objetivo de los SMS, el Messenger o el chat es comunicarse. Y los jóvenes dan más importancia a la rapidez, la efectividad y la similitud al lenguaje oral que al respeto a las normas ortográficas. Y mientras se alzan lingüistas y profesores que aborrecen este nuevo lenguaje, hay otras voces que reconocen su utilidad entre los jóvenes, siempre que eso no suponga una merma en su conocimiento lingüístico del español o en las normas ortográficas que han de aplicar en el lenguaje escrito normalizado.
Existe un buen número de personas que considera que el uso del lenguaje chat supone un empobrecimiento de la lengua y un retroceso en la cultura y la difusión de la ortografía y otras normas lingüísticas, llegando a calificarlo de aberración. Sin embargo, no son pocos los que consideran que dependiendo del contexto, este tipo de lenguajes son comprensibles o incluso recomendables. No cabe duda de que la economía de caracteres es un asunto importante a la hora de utilizar los servicios SMS de la telefonía móvil, o que durante el acto de tomar apuntes cuanta mayor sea la rapidez y capacidad de síntesis, menos información se perderá en el proceso, acercando el lenguaje SMS al nivel de la taquigrafía.
Sin embargo, existe una cierta preocupación respecto al uso que los jóvenes hacen del lenguaje chat, fundamentalmente fuera de su debido contexto. Sin necesidad de salir de Internet, sistemas de comunicación como los blogs, el correo electrónico o los foros, no requieren del dinamismo extremo de los chats ni sufren las limitaciones de los mensajes cortos, y aun así, muchos usuarios insisten en el uso de abreviaciones y errores tipográficos comúnmente aceptados en esos otros contextos.
Por otro lado, hay quien relaciona el descenso cultural y el creciente desconocimiento de las reglas más básicas de la lengua escrita con el nacimiento del lenguaje.
Cada medio de comunicación tiene sus trucos y sus reglas. También el chat y los textos enviados por celulares (los famosos SMS, Short Message Service, Servicio de Mensajes Cortos,) el medio predilecto de jóvenes y adolescentes.
En estos mensajes cortos, la gramática no cuenta, el idioma se maltrata al máximo. Algunos adultos ponen el grito en el cielo y dicen: ¡Ya no son errores sino horrores de ortografía!
Esto se asemeja a lo que ocurrió cuando se inventó el telégrafo, más aún, podríamos preguntarnos: ¿el lenguaje-chat, el de los SMS, es un lenguaje escrito o hablado?
En el chat y en los celulares, la escritura es desechable, los mensajes son tan fugaces como la voz a través del teléfono.
Los mensajes del chat o los SMS son, en realidad, una escritura “para ser oída”, una comunicación inmediata que se envía y se borra. Los jóvenes están “conversando con los dedos”. Esa fugacidad hace que quien chatea no se preocupa demasiado (o nada) por la corrección, la puntuación ni las reglas gramaticales. Mientras menos letras mejor, porque así se escriben más rápido, se ahorra tiempo, se ahorra dinero.
          En el lenguaje-chat, se eliminan acentos, se suprimen vocales que se sobreentienden, se aprovecha el sonido completo de las consonantes (T equivale a TE), la CH es se convierte en X, la LL es Y y las QU y la C pasan a ser K. Además, las letras se mezclan con dibujos (los conocidos “emoticones”).

AVANCES EN LA ACTUALIDAD (articulo de interés)




Según el artículo “El problema de los jóvenes con el lenguaje” publicado Por: Juan Corredor, Redactor Jefe de Baquía.com, 10 Oct. 2005, España, dice lo siguiente: La pasada semana asistimos a la presentación del Diccionario SMS que ha elaborado la Asociación de Usuarios de Internet, en colaboración con Amena, Movistar, Vodafone, MSN y LLeida.net. Se trata de una iniciativa destinada a las celebraciones del Día de Internet, el próximo 25 del presente mes. El diccionario es una recopilación de los términos que se usan en los miles de mensajes de móviles o a través de Internet que los usuarios envían cada día.
Pero hay un objetivo más profundo y ulterior: definir los conceptos englobados y presentar el volumen a los filólogos de la Real Academia de la Lengua para que la obra tome carta de naturaleza en todos los ámbitos -educativa, académica, etc.-.
No cabe duda de que la iniciativa, en sí, es acertada, o cuando menos inocua. Si cada minuto y medio se envían un millón de SMS en todo el planeta, asistimos a la creación de una lengua nueva, ecuménica, con sus propios registros, ahora cifrados en un sólo código. El diccionario no ha recibido, en general, más que parabienes, pero nosotros pensamos que detrás del asunto late algo grave y preocupante para cualquier sociedad: el olvido y desdén del lenguaje.
Porque hay millones de personas capaces de expresarse en lenguaje SMS cuando hace falta, o cuando quieren; sin embargo, conocen la gramática y la ortografía. Simplemente digamos que con el móvil o la Red cambian de idioma, como quien pasa de escribir en castellano a hacerlo en alemán.
Ignorancia
Pero hay otros millones de usuarios, los jóvenes -no todos, naturalmente. Pero sí un porcentaje lo suficientemente preocupante para justificar este artículo- que no saben hablar ni escribir correctamente. Que cometen faltas de ortografía sonrojantes, y en la universidad, aunque el mal llegue de mucho más atrás. Nos preguntamos cómo es posible que un alumno alcance los estudios superiores ignorando las reglas lingüísticas más básicas.
Las casi dos horas diarias que pasan los jóvenes escribiendo SMS o utilizando mensajería instantánea han dado lugar a frases más sencillas, errores ortográficos, ausencia de puntuación o un vocabulario más simple. Instrumentos de comunicación como el correo electrónico minusvaloran el cuidado del estilo para dar mayor protagonismo a la inmediatez.
Lo mismo sucede con los móviles, para muchos  adolescentes verdaderas extensiones de si mismos. Quitar preposiciones y artículos y acortar los vocablos permite gastar menos en los mensajes, pero el lenguaje pierde mucha expresividad. No parece de recibo que una lengua dependa del nivel económico de sus hablantes.
Divertido, pero ¿útil?
Por mucho que la RAE se haya mostrado inicialmente receptiva a la obra -si bien pálidamente-, pasarán muchos años probablemente antes de que se decida a concederle rango académico, cultural. Si se decide. Quiere esto decir que cuando dirijamos escritos a Hacienda, a nuestro banco, cuando rellenemos solicitudes de becas o cualquier tipo de formulario oficial, tendremos que continuar haciéndolo en román paladino. Nada digamos de los exámenes. Asistimos entonces a un diccionario desvirtualizado en el fondo, divertido todo lo más, pero en cualquier caso marginal.
No se trata, en fin, de rechazar frontalmente este trabajo. Una lengua es algo vivo, dinámico. Pertenece a quienes la hablan, y éstos pueden modificarla. Pero urge potenciar la formación lingüística de los más jóvenes porque en ello nos va el futuro.

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