PROBLEMÁTICA ACTUAL
DEL LENGUAJE
ORAL Y ESCRITO
DE LOS JOVENES
Y ADOLESCENTES”
El
lenguaje de los adolescentes es y ha sido peculiar. No solo los del siglo XXI
hablan de manera diferente a los adultos de su época. En todos los períodos de
la historia, los jóvenes se expresaron de una forma distinta de la del grupo
etario al que no pertenecen
¿Cómo
se explica este fenómeno?
Los jóvenes quieren distinguirse de los
adultos. En la forma de proceder, en la de vestirse, en las costumbres y, sobre
todo, en el lenguaje. Si logran que este, que es el medio de comunicación por
excelencia, sea comprendido solo por sus pares, actuará como la gran barrera
que lo separa de los mayores.
Ese idioma tan particular que
manejan no se aprende en ningún curso. No existe hasta que ellos mismos lo
crean y esa creación, que se hace de a poco y se trasmite con gran rapidez, es
fruto de sus reuniones, de sus conversaciones, de los momentos que comparten.
No hay un propósito consciente de
valerse de un idioma extraño, no existen reglas que lo rijan, ni interés alguno
en que las haya. Al contrario, cuanto más diferente sea la palabra de la que usan
los demás sectores de la población, mejor.
Un lenguaje que los adultos decimos
no comprender, lo que, en muchos ocasiones, no es cierto, ya que, aunque no lo
usemos, nos adaptamos con facilidad a él y, en ciertos casos, alguna palabra o
expresión ingresa al nuestro. Un lenguaje muy perecedero, que durará solo un
tiempo y que, raramente, pasará a integrar el diccionario y el vocabulario de
las personas cultas del país. Un lenguaje, diferente al que manejamos cuando
fuimos adolescentes, lo que no significa que, como tales, no hayamos tenido
nuestra forma especial de comunicarnos. Pero, a pesar
de todas sus contras, un lenguaje pegadizo, al que intentamos no dejar entrar
en el nuestro.
No todos los adolescentes de un país utilizan los mismos códigos para
comunicarse. Así como las diferencias culturales se dan entre los adultos,
también se evidencian entre los jóvenes.
Los que pertenecen a un buen nivel
cultural se expresan de determinada forma y se comprenden; los que provienen de
niveles sociales con menos educación utilizan una jerga diferente y también se
comunican. Lo que, probablemente, no suceda es que ambos grupos se entiendan
entre sí, a pesar de ser de una misma edad.
También se establecen diferencias
entre el habla de los jóvenes de la capital y la de los del campo.
Este idioma tan particular se da,
sobre todo, en el habla. Cuando el joven se enfrenta con una hoja y se ve
obligado a escribir (un examen, una prueba, una carta) se adapta, casi sin
pensarlo, a la lengua estándar, a la que hablan los demás, a la que sabe que la
sociedad acepta
Si la comunicación escrita está
dirigida a uno de sus compañeros o si utiliza el correo electrónico para
hacerla, se valdrá de su lenguaje y las reglas ortográficas no serán tenidas en
cuenta. Aparecerán símbolos (la computadora ofrece una enorme gama), grafías
extrañas que intentan reproducir lo que en el habla se da con naturalidad.
Sin embargo, cuando dialoga con sus
congéneres, utiliza las palabras inventadas, las muletillas, los gestos, los
tics…todo lo que lo acerca y lo estrecha a su grupo.
Aún
más original e incomprensible es su lenguaje telefónico o el que se refiere a
los términos de la computación.
LENGUAJE ESCRITO
Vivir en el siglo XXI y ser adolescente hoy implica
ser parte de los cambios tecnológicos que siempre se dan acompañados de cambios
culturales. La incorporación de nuevas tecnologías, internet y celulares, por
ejemplo, no significa solo adoptar nuevas herramientas sino que también implica
una transformación de los vínculos sociales, otras formas de relacionarse con
el espacio y el tiempo, modificaciones en las formas de pensar y conocer.
El
uso de las herramientas comunicativas de internet, como por ejemplo el chat, ha
generado una suerte de alarma en el mundo de los adultos -entre ellos
educadores, madres y padres- ya que temen un deterioro en el lenguaje de niñas,
niños y adolescentes, convirtiendo al chat en responsable de los errores de
ortografía y de la pobreza del lenguaje.
En
la actualidad nos enfrentamos a una nueva realidad, fruto de una cultura
audiovisual, donde los móviles e internet constituyen las principales vías de
comunicación escrita entre los jóvenes. ¿Qué consecuencias tiene esto? La
limitación de espacio y el precio de los mensajes, así como la rapidez a la
hora de escribir, han generado una serie de abreviaturas en el lenguaje, que
acaban invadiendo también las aulas escolares, con el consiguiente descontento
de los profesores. Ya hay quienes dicen que si fueran un poco estrictos con la
aplicación de la ortografía, como hace unos años, hoy tendrían que suspender a
toda la clase.
El
objetivo de los SMS, el Messenger o el chat es comunicarse. Y los jóvenes dan
más importancia a la rapidez, la efectividad y la similitud al lenguaje oral
que al respeto a las normas ortográficas. Y mientras se alzan lingüistas y
profesores que aborrecen este nuevo lenguaje, hay otras voces que reconocen su
utilidad entre los jóvenes, siempre que eso no suponga una merma en su
conocimiento lingüístico del español o en las normas ortográficas que han de
aplicar en el lenguaje escrito normalizado.
Existe
un buen número de personas que considera que el uso del lenguaje chat supone un
empobrecimiento de la lengua y un retroceso en la cultura
y la difusión de la ortografía y otras normas lingüísticas, llegando a calificarlo
de aberración. Sin embargo, no son pocos los que consideran que dependiendo del
contexto,
este tipo de lenguajes son comprensibles o incluso recomendables. No cabe duda
de que la economía de caracteres es un asunto importante a la hora de utilizar
los servicios SMS de la telefonía móvil, o que durante
el acto de tomar apuntes cuanta mayor sea la rapidez y capacidad de síntesis,
menos información se perderá en el proceso, acercando el lenguaje SMS al nivel
de la taquigrafía.
Sin
embargo, existe una cierta preocupación respecto al uso que los jóvenes hacen
del lenguaje chat, fundamentalmente fuera de su debido contexto. Sin necesidad
de salir de Internet, sistemas de comunicación como los blogs, el correo electrónico o los foros,
no requieren del dinamismo extremo de los chats ni sufren las limitaciones de
los mensajes cortos, y aun así, muchos usuarios insisten en el uso de
abreviaciones y errores tipográficos comúnmente aceptados en esos otros
contextos.
Por
otro lado, hay quien relaciona el descenso cultural y el creciente
desconocimiento de las reglas más básicas de la lengua escrita con el nacimiento
del lenguaje.
Cada
medio de comunicación tiene sus trucos y sus reglas. También el chat y los
textos enviados por celulares (los famosos SMS, Short Message Service, Servicio
de Mensajes Cortos,) el medio predilecto de jóvenes y adolescentes.
En
estos mensajes cortos, la gramática no cuenta, el idioma se maltrata al máximo.
Algunos adultos ponen el grito en el cielo y dicen: ¡Ya no son errores sino
horrores de ortografía!
Esto
se asemeja a lo que ocurrió cuando se inventó el telégrafo, más aún, podríamos
preguntarnos: ¿el lenguaje-chat, el de los SMS, es un lenguaje escrito o
hablado?
En
el chat y en los celulares, la escritura es desechable, los mensajes son tan
fugaces como la voz a través del teléfono.
Los mensajes del chat o los SMS son, en realidad, una escritura “para ser oída”, una comunicación inmediata que se envía y se borra. Los jóvenes están “conversando con los dedos”. Esa fugacidad hace que quien chatea no se preocupa demasiado (o nada) por la corrección, la puntuación ni las reglas gramaticales. Mientras menos letras mejor, porque así se escriben más rápido, se ahorra tiempo, se ahorra dinero.
Los mensajes del chat o los SMS son, en realidad, una escritura “para ser oída”, una comunicación inmediata que se envía y se borra. Los jóvenes están “conversando con los dedos”. Esa fugacidad hace que quien chatea no se preocupa demasiado (o nada) por la corrección, la puntuación ni las reglas gramaticales. Mientras menos letras mejor, porque así se escriben más rápido, se ahorra tiempo, se ahorra dinero.
En el lenguaje-chat, se eliminan
acentos, se suprimen vocales que se sobreentienden, se aprovecha el sonido
completo de las consonantes (T equivale a TE), la CH es se convierte en X, la
LL es Y y las QU y la C pasan a ser K. Además, las letras se mezclan con
dibujos (los conocidos “emoticones”).
Pero
hay un objetivo más profundo y ulterior: definir los conceptos englobados y
presentar el volumen a los filólogos de la Real Academia de la Lengua para
que la obra tome carta de naturaleza en todos los ámbitos -educativa,
académica, etc.-.
No
cabe duda de que la iniciativa, en sí, es acertada, o cuando menos inocua. Si cada minuto y medio se envían un millón de SMS
en todo el planeta, asistimos a la creación de una lengua nueva, ecuménica, con
sus propios registros, ahora cifrados en un sólo código. El diccionario no ha
recibido, en general, más que parabienes, pero nosotros pensamos que detrás del
asunto late algo grave y preocupante para cualquier sociedad: el olvido y
desdén del lenguaje.
Porque
hay millones de personas capaces de expresarse en lenguaje SMS cuando hace
falta, o cuando quieren; sin embargo, conocen la gramática y la ortografía.
Simplemente digamos que con el móvil o la Red cambian de idioma, como quien
pasa de escribir en castellano a hacerlo en alemán.
Ignorancia
Pero
hay otros millones de usuarios, los jóvenes -no todos, naturalmente. Pero sí un
porcentaje lo suficientemente preocupante para justificar este artículo- que no
saben hablar ni escribir correctamente. Que cometen faltas de ortografía
sonrojantes, y en la universidad, aunque el mal llegue de mucho más atrás.
Nos preguntamos cómo es posible que un alumno alcance los estudios superiores
ignorando las reglas lingüísticas más básicas.
Las
casi dos horas diarias que pasan los jóvenes escribiendo SMS o utilizando
mensajería instantánea han dado lugar a frases más sencillas, errores
ortográficos, ausencia de puntuación o un vocabulario más simple. Instrumentos
de comunicación como el correo electrónico minusvaloran el cuidado del estilo
para dar mayor protagonismo a la inmediatez.
Lo
mismo sucede con los móviles, para muchos
adolescentes verdaderas extensiones de si mismos. Quitar preposiciones y artículos y
acortar los vocablos permite gastar menos en los mensajes, pero el lenguaje
pierde mucha expresividad. No parece de recibo que una lengua dependa del
nivel económico de sus hablantes.
Divertido,
pero ¿útil?
Por
mucho que la RAE se haya mostrado inicialmente receptiva a la obra -si bien
pálidamente-, pasarán muchos años probablemente antes de que se decida a
concederle rango académico, cultural. Si se decide. Quiere esto decir que
cuando dirijamos escritos a Hacienda, a nuestro banco, cuando rellenemos
solicitudes de becas o cualquier tipo de formulario oficial, tendremos que continuar
haciéndolo en román paladino. Nada digamos de los exámenes. Asistimos entonces
a un diccionario desvirtualizado en el fondo, divertido todo lo más, pero en
cualquier caso marginal.
No
se trata, en fin, de rechazar frontalmente este trabajo. Una lengua es algo
vivo, dinámico. Pertenece a quienes la hablan, y éstos pueden modificarla. Pero
urge potenciar la formación lingüística de los más jóvenes porque en ello nos
va el futuro.

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